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*(2012) ¿Te resulta "familiar" esta historia? Una triste historia....con final feliz.

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*(2012) ¿Te resulta "familiar" esta historia? Una triste historia....con final feliz.

Mensaje  madison19579 el Mar 6 Mar 2012 - 22:43

Hace poco conocí esta nueva página.
Tiene un poquito de todo...preciosa por ejemplo esta historia:

http://www.allegramag.com/yaco-antes-juan/


Yaco, antes Juan

Mucha gente me dice que tengo una especie de don con los animales abandonados. Hubo un momento en el que yo misma creí que era así, porque son muchos los que he salvado de la calle, en su mayoría perros y gatos. Pero no es ningún don, no es que se corra la voz entre los bichitos y todos sepan dónde vivo o por dónde me muevo. No, no es eso. Somos muchos quienes pasamos por un mismo lugar y vemos al perro triste y desorientado cruzando a su (mala) suerte la carretera, o el gato maullando desesperado bajo un coche. Todos lo vemos, la diferencia es: te paras a hacer algo para ayudarlo, o sigues tu camino como si nada.



Encontré a Yaco con tan sólo dos meses (si llegaba) en medio de la carretera en un día de lluvia, buscando algo para comer, sin importarle si lo que intentaba masticar era una piedra o un pedazo de barro. Tan sólo con silbarle se acercó a mí. Pregunté en un par de casas cercanas por si era suyo y se había escapado, pero la respuesta fue: “Apareció esta mañana, no sé de dónde ha salido”. Y ésta es la diferencia de la que hablaba antes. Me lo llevé a casa, acabábamos de aumentar la familia.

A los pocos días, un niño con su bicicleta pasó por delante de mi puerta y sin pararse gritó “¡Qué perro tan bonito! ¡Yo tenía uno igual!”. Yaco saltó de alegría y quiso salir corriendo detrás del chiquillo. En ese momento no le di mucha importancia, pero se me pasó por la cabeza que “mi” perro podía haber sido “su” perro.

Más tarde, los padres del niño de la bici paseaban tranquilamente cuando, al pasar por mi casa, Yaco salió a saludarles moviendo el rabito como si estuviera encantado de verles. La señora se paró y me preguntó:

-¿Te lo has encontrado?

-Sí…

-Este perro era mío.

Creo que mi cara lo dijo todo, porque la siguiente frase de la mujer fue “Pero no te preocupes, que no lo quiero”. Respiré tranquila, a la vez que extrañada por la situación. Y siguió contándome la historia.

-Nosotros le llamábamos Juan, Juancito. La madre es pastor alemán. Tuvo 5 cachorros, dos machos y tres hembras. Uno de los machitos se murió. Mi marido no quiere tener más perros, así que los tiramos a todos cerca de una carnicería.- palabras textuales.

¿Tiramos? ¡¿Los tiramos?! ¡Son seres vivos! ¿Cómo puedes “tirarlo” así sin más? No son objetos inanimados que desechas cuando decides que no lo quieres o que ya no valen. Son animales (como nosotros) con derecho a la vida, que nos necesitan. Pero ellos no sólo habían abandonado a cuatro cachorros indefensos, sino que tenían el valor de reconocerlo en mi cara como si fuera lo más normal del mundo. Me cuesta creer que alguien sea capaz de declarar abiertamente que abandonaron un ser vivo, porque lo que me están demostrando es falta de sentimientos y de corazón.

Me hervía la sangre.

-¡Pero qué lindo está! Me alegro de que lo encontraran.

“Sí, yo también me alegro de haberlo encontrado y salvarle la vida, pero no me alegro tanto de haberla conocido a usted”. Lo pensé, no lo dije, soy demasiado educada… o demasiado tonta. Reprimiendo mi ataque de ira, le expliqué a la señora que lo que había hecho era cruel, y que existe algo que se llama “esterilización”, muy efectivo para evitar camadas no deseadas.

Mientras, Yaco saltaba y ladraba demostrando toda su felicidad por el reencuentro con los que, en su momento, él había creído iban a cuidarle y quererle para siempre.

El matrimonio inconsciente continuó con su paseo de domingo, contentos porque “su Juancito” estaba vivo, sano y feliz. Los mismos que habían firmado su sentencia de muerte y la de sus hermanas que, por la falta de responsabilidad con su perra, habían llegado al mundo sin pedirlo.

Yaco estaba desnutrido, con parásitos, con la piel llena de escamas y granos de pus. No habría durado mucho más en la calle. ¿Qué pasó con sus tres hermanitas? Lo más probable, os lo podéis imaginar, y yo también.



El perro es uno de los animales más nobles. Fiel compañero, en lo bueno y en lo malo. Te entregan su amor sin condiciones, sin esperar nada a cambio. Por tanto, me atrevo a afirmar que, en muchos casos, los animales tienen mejores sentimientos que algunas personas. Yaco es un claro ejemplo. Lo “tiraron”, lo abandonaron, lo separaron de su mamá cuando más la necesitaba; estuvo en la calle durante días, pasando frío, hambre, sed; seguramente se sintió solo, desorientado, perdido; y después de todo, no les guarda ningún rencor y sigue demostrándoles cariño. Es algo realmente admirable.



Isabel Sicilia.

Twitter: @Isa_Cleo


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