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*(2014) Pérez-Reverte, entre perros e hijos de perra...un buen regalo para Navidad

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*(2014) Pérez-Reverte, entre perros e hijos de perra...un buen regalo para Navidad

Mensaje  madison19579 el Dom 14 Dic 2014 - 10:57

"Durante la mitad de mi vida conviví con perros y de ellos he aprendido mucho de cuanto sé, o creo saber, sobre las palabras amor, desinterés y lealtad”. La pluma de Arturo Pérez-Reverte, a menudo tan afilada como la espada de su capitán Alatristre, vuelve a repartir caricias y mandobles en ‘Perros e hijos de perra’ (Alfaguara). El escritor, articulista y académico reúne en este libro una veintena de textos en los que muestra su respeto y gratitud por “la lealtad, el coraje y la nobleza de los perros”. Virtudes caninas que contrastan con la animadversión que le genera la “ruin y miserable condición humana” que a menudo exhiben sus amos.

“He tenido cinco perros. No hay compañía más silenciosa y grata. No hay lealtad tan conmovedora como la de sus ojos atentos, sus lengüetazos y su trufa próxima y húmeda”, escribe Pérez-Reverte en esta antología perruna que reúne textos muy variopintos. Escritos entre 1992 y 2014, están ilustrados por Augusto Ferrer-Dalmau, afamado “pintor de batallas”.

Duro, implacable e iracundo a menudo en sus artículos, en estos textos “caninos” emerge el Pérez-Reverte más tierno y afable, el que agradece y devuelve a los animales con los que ha convivido o tratado la misma fidelidad y cariño recibido de ellos, pero sin dejar de dar leña a algunos de sus dueños que desconocen las palabra “amor, desinterés y lealtad”. “Ningún ser humano vale lo que un buen perro. Cuando desaparece un perro noble y valiente, el mundo se torna más oscuro. Más triste y más sucio”, escribe.

“No existe mejor alivio para la melancolía y la soledad que su compañía fiel, la seguridad de que moriría por ti, sacrificándose por una caricia o una palabra. Nada tan asombroso como la extrema perspicacia de un perro inteligente”, dice en los mismos términos elogiosos con los que Cervantes y Jack London se refieren a los perros en las citas de ‘El coloquio de los perros’ y ‘La llamada de lo salvaje’ que abren el libro.

Galería canina

Por esta galería de canes desfilan perros de presa educados para pelear; un chucho mexicano tuerto y digno, como Sami, “a medio camino entre un zorrillo y un pastor alemán, con un toque chusma, misántropo y poco sociable”; el Fila brasileño, “que no era un asesino”; Jenny y Boxer, “las valientes mascotas de la Brigada Ligera”, o el chucho español, “flaco y bastardo” del cuadro de Ferrer-Dalmau. También Sherlock, el teckel de “pelo fuerte y sólidos silencios” que cuza su mirada con la del lector en la portada, o Sombra, el labrador negro que recibía a Pérez-Reverte con cabriolas y el rabo alborotado a su regreso de ‘territorio comanche’.

Son algunos de los protagonistas de estas apasionadas glosas caninas que basculan entre la admiración por los fieles animales hasta la indignación ante quienes les torturan, maltratan o abandonan. Historias que espeluzan o mueven al llanto, como la del perro que aguarda a su amo en la puerta del hospital donde murió, o el que en pleno fragor bélico en la extinta Yugoslavia, defiende a la mujer que los serbios violan ante la pasividad de sus vecinos para acabar muerto a tiros por los violadores.

Truena de ira Pérez Reverte cuando habla de perros abandonado en las cunetas, de galgos colgados de una soga o de animales carcomidos por la sarna, el terror y las heridas tras su abandono, cuando han dejado de ser los cachorros que entretenían a unos peques a los que nadie enseñó a responsabilizarse del perrito. “Al abuelo se le mete en un asilo y al perro se lo lleva a un paraje lejano, se abre la puerta y se le dice sal”, se duele el escritor.

Exitoso autor de novelas como ‘El maestro de esgrima’, ‘La tabla de Flandes’ o ‘El club Dumas’, Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) no abandona desde hace años los primeros puestos de las listas de ventas. Ha vendido más de quince millones de ejemplares en todo el mundo de unos libros que se han traducido a más de cuarenta idiomas. Con obras como ‘Territorio Comanche’, ‘La piel del tambor’, ‘La carta esférica’, ‘La Reina del Sur’, ‘Cabo Trafalgar’, ‘Un día de cólera’, o ‘El asedio’ se ha ganado el favor del lector, el respeto de la crítica y la atención de cineastas.

Miembro de la Real Academia Española, muy activo en las redes sociales con casi un millón de seguidores en Twitter, su saga del siglo de Oro, ‘Las aventuras del capitán Alatriste’, cuya última entrega es ‘El puente de los asesinos’ dio lugar a una exitosa película y a un cómic. Entre sus últimos títulos figuran ‘El tango de la Guardia Vieja’ y ‘El francotirador paciente’.

http://www.elnortedecastilla.es/culturas/libros/201411/23/perez-reverte-entre-perros-20141122213428-rc.html

http://www.lavanguardia.com/cultura/20141121/54420098652/perros-e-hijos-de-perra-segun-arturo-perez-reverte.html

Arturo Pérez Reverte ha tenido a lo largo de su vida cinco perros -Sombra, Mordaunt,..- y si algo ha aprendido de ellos, y de otros canes ajenos, es que "ningún ser humano vale lo que un buen perro".

"Cuando desaparece un perro noble y valiente -quien escribe es el articulista Pérez Reverte- el mundo se torna más oscuro. Más triste y más sucio".

De Perros e hijos de perra, así de contundente es el título, habla el nuevo libro del periodista, novelista y académico de la Lengua Arturo Pérez Reverte, que ha reunido en esta antología sus artículos escritos entre 1993 y 2014 y que tienen a los canes como protagonistas principales o secundarios.

Una exquisitez bibliográfica de apenas 150 páginas, ilustrada por el pintor Augusto Ferrer y editada por Alfaguara.

En todos sus artículos, el escritor no escatima elogios y cariño hacia tan fieles compañeros de viaje del ser humano, con los que ha convivido durante la mitad de su vida, una convivencia que le ha enseñado "mucho" de cuanto sabe, o cree saber, "sobre las palabras amor, desinterés y lealtad", poco frecuentes, destaca, "entre los humanos, al menos las dos últimas; y desde luego -escribe- tampoco la primera".

Para el autor de la saga del capitán Alatriste o de novelas como "La Reina del Sur" o "El tango de la vieja guardia", "no hay compañía más silenciosa y grata" que la de un perro, "libertad más conmovedora como la de sus ojos atentos, sus lengüetazos y su trufa próxima y húmeda". "Nada tan asombroso -recalca- como la extrema perspicacia de un perro inteligente".

Perros que son medicina sanadora, el mejor alivio "para la melancolía y la soledad", de una fidelidad extrema que, en muchos casos, se prolonga hasta después de la muerte del amo. "Morirá por tí, sacrificándose por una caricia o una palabra".

"Nunca conocí -relata- entre los seres humanos, como en los cinco perros que hasta hoy pasaron por mi vida, un amor tan desinteresado y tan leal. Tan conmovedoramente fiel".

Hay recogidos en las páginas de este libro numerosos casos concretos de esa fidelidad a prueba del paso del tiempo y de otras circunstancias, de ese coraje que el autor atribuye a los perros. Pero también historias de soledad, trágicas.

Historias de perros que, muerto su amo, siguen esperándole a la puerta del hospital donde falleció, o la de aquel otro que en la antigua Yugoslavia, recuerda el entonces reportero de guerra, fue el único en defender a una mujer violada por los serbios ante la pasividad de sus vecinos, y que peleo hasta que los agresores le mataron de un tiro.

Y a la vuelta al hogar desde alguno de esos "territorios comanches" en los que el reportero vio tantas veces el rostro de la muerte y la maldad del ser humano, allí estaba Sombra, el labrador que le hacía fiestas, que se enredaba entre sus piernas loco de contento.

Escribe el autor de "El maestro de esgrima", "La piel del tambor" o "El francotidador paciente", de momento su última novela, sobre el abandono de perros en la cuneta de cualquier carretera secundaria, cuando han dejado de ser el juguete caprichoso de los hijos, o sobre la muerte colgados de una soga en mitad del campo cuando ya no son útiles para la caza.

"Al abuelo -escribe- se le mete en un asilo y al perro se lo lleva a un paraje lejano, se abre la puerta y se le dice sal". Después un acelerón y "libre del jodío chucho". "El nunca lo haría", como decía aquel slogan publicitario que perseguía concienciar sobre hechos tan rechazables.

No recuerda Pérez Reverte quien dijo aquello de que "cuanto más conozco a los hombres más quiero a mi perro", pero sí tiene claro que "cada vez que desaparece un animal silencioso, bueno y leal" este mundo "de mierda resulta menos generoso, menos habitable y menos noble".

Pero no todas las historias sobre las que escribe conducen a la tristeza, la indignación y la melancolía. Las hay también esperanzadoras, felices, como la de Sami, un perro callejero que vagabundeada por la capital mexicana. Un chucho "a medio camino entre un zorrillo y un pastor alemán, con un toque chusma, misántropo y poco sociable", al que un gran danés, de dueño se supone que pudiente, le sacó un ojo en un ataque callejero.

Heridas de las que Sami fue curado gracias a la generosidad del vecindario, que sufragó los gastos del veterinario, y que lo devolvió a la calle. La misma generosidad que poco después le salvó de un atropello, eso sí sin cola, con la pelvis "hecha cisco" y cojo. "Hizo a todos mejores".

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